Feb 18
Hierro3.La Casa Vacia
Ayer vi una pelìcula..
es difìcil decirlo, quizàs he sòlo soñado haberla visto sentada en una butaca ante una pantalla vacìa en una sala oscura..
Una red: detrà s, una decadente estatua de gusto neoclà sico.
Una violencia invisible agita la red sin rozar la calma serena de la figura inmaculada..
Una maza de golf golpea la pelota que a su vez golpea la red del mismo modo que las intensas imà genes te golpean repetidamente las pupilas una y otra vez.. inicia asì la ùltima pelìcula de Kim Ki-Duk, la misteriosa proyecciòn a sorpresa del Festival de Venecia.

Tae-suk (Lee Seung-yun) es un joven que va in moto de barrio en barrio pegando propaganda sobre las cerraduras de las puertas de las casas.
De noche, vuelve a los sitios donde ha estado y controlando la propaganda intacta, verifica cuà les de esas casa està n vacìas. Tras forzar la cerradura, se instala. Entre los objetos de los otros Tae-suk vive.
Un dìa Tae-suk entra en una casa que en realidad no està vacìa.
Dentro, en una habitaciòn, hay una mujer que llora.
Sun-hwa, observa el joven sin decir nada.
Hierro 3 es la maza de golf menos utilizada del jugador.
Llena de polvo en su contenedor testimonia la lejanìa de casa del marido violento.
Cuando vuelve a casa furioso y agrede la mujer, Tae-suk lo deja fuera de juego a golpe de Hierro 3.
Sin decir nada, Sun-hwa decide marcharse con el extraño, siguiéndolo en sus irrupciones en casas vacìas..
Kim Ki-duk ama narrar historias de individuos que viven al margen.
No es la realidad social lo que le interesa, si no la interior. No una realidad psicològica, como mucho espiritual o intima, expresada por gestos frecuentemente repetitivos, obsesivos, como rituales..
Es por eso que en las pelìculas del sudcoreano los personajes, sobre todo protagonistas, hablan poco o nada.
Kim podrìa tranquilamente rodar pelìculas mudas, pues se concentra en las imà genes, en el juego de los movimientos, en la geografìa de los cuerpos y los rostros.
En esta pelìcula en particular, el ojo del autor està clavado en el personaje etéreo y surreal de Tae-suk.
Asì como el Hierro 3 se usa en el golf sobretodo para efectuar golpes poderosos, contra el viento, de igual modo Tae-suk se encuentra recorriendo la vida contracorriente, y ese roce entre él y el mundo resulta evidente. Busca, quizà de manera inconsciente, un nuevo modo de crear contacto, rompiendo las barreras que existen entre las personas.
En la realidad de cada dìa las personas viven codo con codo, se rozan continuamente en medio a la multitud de dìa, para después encerrarse en casa de noche, lejos de todos, como en un refugio. En todo esto hay una gran pérdida de comunicaciòn, de interés, de abertura vital.
La casa es un lugar que separa y segrega, que da seguridad.
Tae-suk en cambio no tiene -o no usa- la propia: se adueña de la de los demà s. Pero lo que le interesa, no es la casa en sì: él interactùa con las fotos, con los objetos, con la ropa de estas personas; come su comida, duerme en sus camas, arregla sus objetos rotos. Se autoinvita en la vida de los demà s, hasta que alguien no lo echa violentamente fuera.
Tae-suk es un elemento desestabilizante, que crea contacto donde no existe, que repone vida e importancia a lo que se da ya por sentado. Comprendemos a fondo este personaje sòlo en el momento en que lo miramos con los ojos curiosos y fascinados de Sun-hwa.
Durante la pelìcula los dos no intercambian palabra, se mueven como mimos, entre ellos basta una mirada, una media sonrisa, para un entendimiento perfecto..
Un film poético y da gran profundidad. Un milagro de espacios y miradas, que llega al cùlmine con la potencia de la antìtesis: la casa como lugar fìsico, fulcro existencial de una burguesìa obesa y violenta, finalmente es dominada por el hombre que en medio al torbellino de vacuas palabras producidas por la crisis de pareja, contrapone, simplemente, el sonido del silencio.
La comprensiòn entre amantes viene confiada a una relaciòn de complicidad y se nos devuelve a través de particulares y dòciles minucias, en un crescendo fìlmico emocionante; el tìmido roce de los pies es sìmbolo de una cà mara obstinadamente platònica, la uniòn fìsica debemos intuirla como si ella tambièn fuera.. invisible.
En esta tendencia hacia el sentimiento, por parte de un espectro quizàs destrozado por la soledad, el director sòlo aparentemente renuncia a sus sugestiones preferidas; su cosmologìa de la violencia queda semienterrada pero igualmente presente, ténue pero ineludible. Estalla un cine tremendo, que exaltando al mà ximo la elecciòn silenciosa del protagonista, no deja lugar a comentarios.
Hierro 3 es una de esas pelìculas que tras haberla visto te deja la sensaciòn de haber asisitido a un pequeño prodigio que sòlo el cine sabe realizar..
Con dulce ironìa e impecable elegancia la pelìcula llega a la ùltima secuencia, propuesta rà pidamente, de coger al vuelo como una pluma - alegorìa de la ligereza- empujada por un soplido de viento, donde los protagonistas sellan su relaciòn con un abrazo en el que subliman su amor como pura esencia priva de peso y por lo tanto de gravedad.

Ya sòlo Sun-hwa consigue ver a Tae-suk porque sòlo por Sun-hwa quiere ser visto el joven: ha aprendido a ser invisible al resto del mundo violento y ruidoso..
Silencio pero dià logo de los sentidos
un beso fantasma que calma los hematomas del vivir..
[Somos todos casas vacìas
y esperamos alguien
que abra la puerta y nos haga libres.
Un dìa mi deseo se cumple.
Un hombre llega como un fantasma
y me libera de mi prisiòn.
Yo lo sigo, sin dudas, sin reservas..
Hasta que encuentro mi nuevo destino
No podemos saber si el mundo en que vivimos
es sueño o realidad
Kim Ki-duk. el director]